sábado, 19 de enero de 2008

memorias de nuestro Adriano

Ave Cesar Adriano:
No asistí a tu despedida, porque aunque tu verbo de voz aguardentosa, se paseó por mis albores universitarios. Sigues incólume en la memoria de mis afectos. Guardo con celo el cuadernito donde recogi cada una de tus clases en la que alguna vez fue la escuela de periodismo más importante de este pais portátil en la ucv. Cuando exhibia excelencia, tolerancia y diversidad, cuando tuvo aspiraciones de ser un cadáver exquisito donde convivieron las ideas más frescas, desenfadadas frente a la massmediatizacion de nuestras vidas. Nunca supe de un surrealista más coherente que tu, hasta el dia de tu muerte cuando para hacer mutis en el festin brindaste con agua y no con vino como corresponde a tu jerarquía. El verbo de Migel Angel Asturias, alumbre, lumbre de alumbre, nunca fue mas cadencioso que cuando lo pronunciaste en aquella sesión que quedó tallada en mi cuadernito rojo y en los vericuetos del hambre de literatura. Creo que finalmente partiste a reunirte con ellos, si con tu camarada Lautremount, con Duchamp, con André Breton; Baudelaire, hasta con Luis Aragon y sus devaneos comunistas. También fuiste un hombre rojo. Pero a la izquierda de la mesa, ¿te acuerdas esa que tuvo un encuentro azaroso con la máquina de escribir y el paraguas que no retuvo el palo de agua de tu creación contratemística
a la siniestra, de la diestra, ese la de Andrés Barazarte, la que lleva en la maleta la del proyecto inconcluso, el pais inacabado. Ave Cesar Adriano, te llevaste un trozo de país y contigo el dibujo del pais que se nos hace más difuso. Nos están robando la hsitoria, nos estamos desdibujando. Alumbra lumbre de Alumbre, no nos dejes en tanta oscuridad.

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